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Judith Butler. (via ovejitadescarriada)
(..)También comprendimos que más invisible aún, por más oculta,
estaba la historia de la rebeldía de las mujeres; la historia de las
luchas que ellas han sostenido en contra de su opresión social y
cultural.
Ahora sabemos que esta lucha es tan antigua como la opresión
y se inicia con ella. Es simultánea. Y creemos, también, que jamás la
opresión ha sido aceptada en la “esencia”, como exigencia del “ser”
femenino… si no… ¿para qué tantos Códigos, castigos,
manipulaciones, sanciones y represiones para obligar a la mujer a
asumir su “rol natural”?
La lucha de las mujeres -nuestra lucha- ha pasado por distintas
etapas y circunstancias, siempre constreñida por el medio social.
Así, en el Medioevo había que luchar por el derecho a tener
alma (se ganó este derecho, por un voto, en el Concilio de Trento,
s. XVI).
Luego, hubo de luchar por el derecho a disentir, a cultivar
religiones con diosas-madres-mujeres; había que luchar por el
derecho al sexo, a inventar la medicina, el uso de la hierbas, a curar
enfermedades. Por este derecho, innumerables mujeres fueron
quemadas por brujas.
(Se estima en más de seis millones las mujeres quemada en
tres siglos).
¡Fue el mayor sexocidio de la historia… ! (…)
Julieta Kirkwood
Lo que voy a decirles sí es un discurso:
un discurso especial que aprendí y practiqué
desde los siete años de edad haciendo las camas
de mis dos hermanos mayores.
Entonces lo pensaba.
Sólo ahora, vieja ya, puedo decirlo aquí.
Por suerte tenemos un espacio de mujeres …
De otro modo, éste tendría que decirlo
mientras hago las camas de mis dos hijos
Julieta Kirkwood